El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, pasa de las batallitas del alcalde de Castellón con la carretera Nacional 340. Mientras Camps ha demostrado colaboración y lealtad institucional con el Gobierno de España para promover las infraestructuras que Castellón y la Comunitat Valenciana necesitan, Alberto Fabra persiste en su deriva política y alienta la confrontación para evitar el desdoblamiento de la N-340.
El presidente de la Generalitat no defendió la propuesta de modificación del trazado de la N-340 durante el encuentro de trabajo que mantuvo el martes con el ministro de Fomento, José Blanco. Cada vez es más obvio que la polémica de la N-340 es una ocurrencia del alcalde para evitar una inversión millonaria, a pesar de la saturación del tráfico que experimenta la carretera y de la lamentable estadística de siniestralidad que registra.
Blanco y Camps dejaron a un lado las lógicas controversias entre partidos tan confrontados ideológicamente y se pusieron a trabajar para los ciudadanos. Lo que están esperando los castellonenses es que las administraciones públicas impulsen decididamente la obra pública para generar empleo y dinamizar la economía, todo lo contrario de lo que quiere conseguir Fabra oponiéndose a una inversión de 120 millones.
Desde estas líneas quiero hacer un nuevo llamamiento al alcalde para que “rectifique” y “cambie de actitud”. No estaría mal que, aunque fuera por una sola vez, mirara por Castellón y asumiera que las infraestructuras no pueden seguir siendo la trinchera de combate del Partido Popular contra el Gobierno de Zapatero. Es necesario abandonar el victimismo y ejercer de alcalde antes que de presidente local del PP.






